Miedo

Considero que solo existen dos emociones o movimientos básicos en la vida: El amor y el miedo. El amor se presenta de manera amigable acompañado de: Confianza, optimismo, liberación, comprensión, veneración, serenidad, éxtasis, placer, iluminación, alegría, paz, aceptación, voluntad, satisfacción, armonía, etc. Son las emociones consideradas positivas y están manifestando el amor que está tras ellas.

El miedo se hace acompañar de: Vergüenza, humillación, agobio, culpa, apatía, desesperanza, sufrimiento, bloqueo, remordimiento, temor, ansiedad, control, anhelo, odio, ira, orgullo, desprecio, coraje, desconfianza, abandono, arrogancia. Son las emociones que llamamos negativas y solo son las múltiples mascaras tras la que se esconde el miedo.

No hay engaño posible, cada vez que nos sintamos atrapados por una emoción negativa, estamos presos del miedo. Es fácil de reconocer si le quitamos el disfraz, lo desnudamos, y lo llamamos por su nombre. Así queda al descubierto.

El miedo da miedo, lo vemos como algo negativo, que no queremos tener, que deseamos ocultar o desechar y también luchamos para que desaparezca. Al  proceder de esta manera, él siempre sale vencedor, y nosotros perdedores. En la lucha siempre hay ganadores y vencidos. No debemos olvidar, que esta es una batalla contra nosotros mismos.

Sin embargo posee su parte positiva: Nos está avisando de peligros que ponen en riegos nuestro bienestar. Conviene recordar que es algo nuestro, forma parte y  pertenece como un brazo, una mano, o la cabeza a nuestro cuerpo.

Es el sensor que constantemente está midiendo las situaciones que estamos viviendo. Si estas nos gustan no hay ningún problema. Si no, saltan las alarmas y nos avisa. Es nuestro aliado y, como tal, está al servicio de nuestra supervivencia; nos alerta de cualquier situación considerada arriesgada.

Ante una situación de peligro real nos predispone a huir, a defendernos, a atacar o nos paraliza para pasar desapercibidos a la espera que la situación pase. Los músculos se tensan y preparan  a nuestro cuerpo para salir corriendo, para poder realizar una defensa o para un ataque que nos mantenga a salvos. Cuando el peligro nos supera o creemos que nos excede, nuestro cuerpo se paraliza como si se congelara, quedándonos quietos, como si muerto estuviéramos.

Compartimos con todos los animales de la naturaleza esas mismas reacciones. Hemos desarrollado  mecanismo de defensa tras miles de años de evolución y supervivencia. Sin embargo la evolución ha marcado diferente camino para los animales y para los seres humanos. Los animales ante situaciones de peligro: huyen, atacan, se defienden o se paralizan. Una vez que ha pasado la situación de riesgo suelen temblar y tras este temblor  retornan a la situación anterior continuando con sus vidas como si nada hubiera ocurrido.

Los seres humanos hemos inhibido el temblor y con él la canalización física del estado emocional al que somos llevados en una situación de peligro. Las emociones (negativas), quedan atrapadas en el cuerpo y pasan a formar parte de nosotros como parte de nuestra memoria e información celular. La situación vivida, crea un recuerdo inconsciente que siempre nos estará acompañando, aunque no estemos en situación de riesgo.

Existen miedos personales que son los adquiridos a través de nuestras propias experiencias de vida. Eso ocurre desde que nacemos hasta cierta edad de crecimiento. La información de las experiencias vividas queda sellada en nosotros: Se produce una situación de peligro, la vivimos y adquirimos información que guardamos.

Con el tiempo podemos  encontramos en una situación similar y volvemos a tener la misma sensación y reacción que  continuamos guardando en la memoria,  así continuamente, hasta que llega un momento en que no es necesario que la situación de riesgo se produzca. La información ha quedado bien guardada en nuestro inconsciente. Ya vivimos en un continuo estado de alerta aunque no haya peligro.

Los miedos son también parte de nuestra herencia: De nuestros padres, (sobre todo de nuestra madre), de nuestros ancestros, del contexto social y cultural de nuestro entorno y de la historia de la sociedad donde hemos nacido y nos hemos desarrollado.

Durante el periodo de gestación somos uno con nuestra madre, cualquier emoción que ella esté viviendo nosotros también la vivimos. La emoción por ella vivida queda registrada en nuestra memoria celular.

De diferente manera también quedan grabadas en nuestras células todas las vivencias de miedo a las que hayan estado sometidos nuestros antepasados en el transcurso de sus vidas, aunque no los hayamos conocido. Recibimos esta información desde cuatro generaciones atrás.

La ciudad, el pueblo, el barrio, la comunidad o el país. Todo guarda una información histórica que se nos transmite como parte de nuestro legado. Toda sociedad posee una cultura concreta y una historia, que también es nuestra propia historia y como tal nos es legada y transmitida.

Con toda esa información en nuestras células damos forma y nos creamos a una personalidad más  menos asustadiza que nos acompañará siempre. Crea patrones conductuales que se activan ante las distintas  situaciones que se presentan a lo largo de la vida.

Las condiciones de vida de nuestros primero ancestros, en la prehistoria, donde el miedo los ponía a salvo de los peligros que les acechaban han cambiado en nuestros días. Las condiciones de vida en la actualidad son bien diferentes. Hemos dominado a la naturaleza y a los animales y ya no necesitamos refugiarnos en cuevas, salir a cazar o a recolectar los alimentos. Todo, o casi todo, está al alcance de nuestras manos. Sin embargo, el miedo es una realidad.

Y al igual que entonces, en el presente las situaciones que provocan miedo también tienen que ver con la supervivencia en nuestro contexto social y cultural.

Las amenazas actuales ya no tienen que ver  tanto con proteger las condiciones básicas para la vida. Tenemos: techo, ropas, comida… todo lo necesario para la subsistencia. Con todo ello, vivimos presos de miedos. Entonces, ¿Cuál es su función en la actualidad? Sigue siendo la misma: proteger la vida como tal y salvaguardar las condiciones de vida que tenemos en la actualidad o las que deseamos tener.

Hoy en día las situaciones de riegos y peligro son distintas a las de nuestros primeros padres y a las de nuestros ancestros más cercanos. Sin embargo, los miedos está ahí, cada cual tiene los suyos propios, que más o menos tiene que ver con: La relación con el dinero, con la pareja, con los hijos, con las enfermedades, con el trabajo, con la vivienda, con la muerte, con el sentimiento de soledad, con el del abandono, con el sufrimiento o con las creencias que tenemos sobre lo que creemos necesitar.

El miedo aparentemente ya  no obedece a salvaguardar las condiciones de supervivencia a las que me vengo refiriendo. En nuestro contexto social, una condición vital de supervivencia puede ser: la de mantener nuestro status social; que nuestros hijos puedan estudiar; o tener o no tener un coche para ir a trabajar. Eso son miedos reales.

Sin embargo, en la actualidad mucho de nuestros miedos, tiene que ver con las creencias que tenemos de cómo deseamos que sean las cosas y como son en realidad. Sobre todo de las proyecciones al futuro que constantemente hacemos creado realidades imaginarias que nada tiene que ver con la realidad, ni con el momento presente.

Nuestro cerebro no entiende de real o imaginario. Si pensamos o creemos que algo puede poner en riesgo nuestras condiciones de vida actuales, el cree y toma la situación como  real y predispone al cuerpo a actuar de manera  como si la situación estuviera pasando justo ahora delante de nosotros. Por tanto se activan todos los mecanismos del miedo.

Por otro lado, vivimos en un continuo ir del recuerdo de situaciones del pasado donde adquirimos la experiencia y los patrones conductuales provocados por el miedo, a crear unas proyecciones de futuro basada en esas experiencias. Creamos un futuro que no es real, pura fantasía que provoca que el futuro sea el que hemos imaginado.

Existen varias maneras terapéuticas de actuaciones en casos de miedos.

Una de ellas consiste en reconocer los patrones de conducta creados por el miedo, bien sea de nuestra vida, heredados de la familia o de la sociedad. Traer a consciente lo que subyace en el inconsciente ayuda manejarlo y darle su justo lugar. Las Constelaciones Familiares y otras técnicas y métodos son de gran ayuda.

Otra es poder ver al miedo, reconocerlo, agradecer su labor y mantenerlo como un aliado. Cuando no lo miramos ni reconocemos al miedo, este se coloca delante de nosotros y nos paraliza. Otras veces se coloca detrás, en nuestra espalda y nos empuja a enfrentarnos a la situación miedosa. En ambos casos el miedo nos controla. Reconocer, agradecer y colocarlo junto a nosotros sabiendo que es un protector hace que seamos nosotros los dueños de las situaciones.

También ayuda buscar un lugar tranquilo, sentarnos, cerrar los ojos, conectar con nuestra respiración, recordar una situación que nos de miedo y buscar la sensación física que se provoca en el cuerpo. Una vez localizada, simplemente respirar prestando toda nuestra atención a esa sensación y seguir respirando el tiempo necesario para que esta se disipe y diluya.

Considero que en la mayoría de los casos se hace necesaria la ayuda de un terapeuta que ayude a buscar salidas y herramientas para que las personas puedan conectar con su verdadero poder, que se  esconde tras el miedo.

Haz realidad tus deseos.

Constantemente estamos deseando algo, bien sea de manera consciente o inconsciente, y lo que obtenemos en la vida es en gran medida fruto de esos deseos. Si no te gusta lo que estás recibiendo  es conveniente que prestes atención a lo que estás deseando.

Recibimos exactamente lo que pedimos y tal y como lo pedimos.

¿Cuánto deseas obtener algo y cuánto dudas de conseguirlo? – De esta balanza depende la manifestación de deseado.

Las dudas atraen aquello que no deseas. Atraen exactamente lo contrario. Te dices: «Deseo esto», y a continuación te repites mil veces o más, «no lo voy a conseguir, no me lo merezco». ¿Pero cómo voy a hacer para obtenerlo? «No tengo dinero, no soy atractiva, eso es imposible, he de ser realista…», y un largo etcétera que evita que el deseo se materialice en tu existencia. Es como tener mucha sed y querer saciarla queriendo sacar agua de un pozo con un cubo lleno de agujeros por donde se escapa el agua. El cubo siempre llegará vacío a la superficie y entonces nos diremos: «Ves, es imposible, no hay nada que hacer, tan solo seguir frustrándote por los resultados.»

Nada es imposible

«CREER ES CREAR»

Cuando tenemos un pensamiento y realizamos una acción con una actitud concentrada de forma positiva hacia el objetivo, facilita que este se manifieste. La diferencia entre las personas que tiene éxito y las que no, es que las primeras desean de forma consciente y concreta y los otros de forma inconsciente y confusa.

Los deseos se cumplen siempre sin excepción. Por tanto, comencemos a pedir lo que deseamos de manera concreta y consciente. Prestando atención y observando todas las dudas que surgen, y sobre todo a los deseos inconscientes. A menudo nuestros sueños se frustran porque esperamos que así sea.

Estamos tan habituados a la situación de vida que conocemos y tenemos que concebir una manera diferente nos resulta increíble de conseguir. Inconscientemente ponemos constantemente todo tipo de trabas que impiden obtener el fruto de nuestro deseo.

La creencia más extendida es que vivimos en un mundo de carencias  y enfocamos nuestra atención hacia lo que no tenemos, y olvidamos que  siempre todo está a la disposición de todos, y que no existen límites en cuanto a conseguir nuestros deseos. Solo hemos de aprender a formularlos y expresarlo de manera correcta, e incluso lo que consideras imposible o inalcanzable estará a tu alcance.

«LOS MILAGROS EXISTEN LO CREAMOS O NO»

Los límites solo existen dentro de nuestra mente.

Nosotros, a través de nuestra mente y las creencias que en ella se esconden, creamos nuestra realidad momento tras momento, y generalmente estamos insatisfechos con la vida que hemos creado, y deseamos cambiarla sin saber cómo hacerlo. Y la mayoría de las veces culpamos a lo externo, a la sociedad, a los otros, a la crisis, como los causantes de nuestros estados carenciales, en vez de responsabilizarnos de nuestros pensamientos y nuestras  actitudes que son los verdaderos atractores de lo que acontece en nuestras vidas.

A cualquier edad, en cualquier momento podemos aprender como “educar” a nuestra mente para que en sintonía con nuestros deseos, nos facilite aquello que si queremos en realidad y de esta manera conseguir vivir nuestra vida y que no sea ésta la que nos viva a nosotros.

Tomar las riendas de nuestra existencia pasa por dirigir nuestra atención a obtener y conseguir que se manifieste en nuestra Vida aquello que hemos deseado. El único cuidado a tener es: Que lo que deseemos sea en realidad lo que deseamos.

Los deseos se manifiestan tal  y como los pedimos.

Para facilitar el aprendizaje de cómo desear con una actitud de éxito, y sobre todo para desaprender lo que nos han enseñado sobre: esto no es para mí, he diseñado un taller formativo con el deseo de crear un grupo de personas que «SI» estén dispuestas a cambiar su estilo de vida.

La «buena» relación de pareja.

En la pareja, suele ocurrir que cuando llega una crisis, quizá sea también el momento de renovar el Amor…y si esto no es posible, es conveniente poder tomar distintos caminos desde el respeto mutuo.

¿Qué nos ha pasado? Es la pregunta que muchas personas se hacen después de un tiempo de estar en una relación de pareja. Recuerdan aquel momento donde se produjo el encuentro y no llegan a entender cómo ahora ya no es lo mismo. El deseo de retener los instantes donde las “mariposas” hacen nido en el estómago, el corazón late con fuerza, casi falta el aire, y una voz desde lo más profundo dice: nos hemos encontrado.

En ese estado es habitual tener pensamientos como: Ojalá desaparezca,… Me quiero ir de este lugar,… Me falta el aire,… Esto es insoportable… ¿Qué ha pasado?

La pareja está en continuo movimiento y evolución, en un espacio para el que las “escuelas” no nos preparan, ni las facultades, nos facultan; casi nada de lo aprendido suele valer ante los retos que presenta la vida en pareja. Nada podemos dar por sentado, ni sabido, este es un lugar de aprendizaje y desarrollo que nos presentará desafíos que pondrán a prueba nuestros cimientos y hará tambalear nuestras creencias.

El pensamiento racional y lineal no nos permite llegar a encontrar la solución cuando aparecen los problemas y las dificultades. Los conflictos se resuelven siempre desde un lugar de pensamiento distinto al que lo ha creado, y el gran reto que a mi entender nos presenta la relación de pareja, es conectar con la suficiente humildad, con el corazón “grande”. Es un darse cuenta de que se necesita una nueva manera de entender y mirar los asuntos que se presentan en ese espacio vital donde los seres humanos nos encontramos, haciendo que la Vida continúe.

En el espacio terapéutico he tenido la oportunidad de conocer y tratar con muchas personas que presentan dificultades en la relación de pareja, y da igual que la relación sea, heterosexual, homosexual, polisexual, abierta, cerrada, tradicional, o moderna, en todas sin excepción aparecen casi las mismas dificultades. La mayoría tienen que ver con las fantasías y creencias de lo que debe ser una pareja, de lo que debe ser un padre, o una madre, y tan pronto como esas creencias toman el poder, lo que en un principio unió, ahora separa.

Al igual que nos atraen las diferencias, son esas mismas las que nos separan y cuando pasa la euforia del encuentro, cada quien se atrinchera en sus propias convicciones  y nos perdemos el misterio de la exploración de lo desconocido y con ello dejamos de aprender y sobre todo disfrutar entregándonos a  lo desconocido.

No existe una familia igual a otra, y no sé si os habéis dado cuenta, pero en las relaciones personales y cotidianas, ya sean de pareja, amistad, familiar, o de otro tipo, los que se encuentran no son las personas de una manera individual, sino que, inevitablemente en estas relaciones, existe la influencia de familias enteras detrás, cada una de ellas con sus particulares ideas, pensamientos y normas que rigen sus destinos.

Muchas veces me gusta jugar con las personas que vienen a consulta y les hago preguntas “trampas” como por ejemplo ¿Cuál es tu familia? ¿Cuáles son los miembros de tu familia? Es sorprendente constatar continuamente cómo las respuestas muestran dónde se sostiene la mayor parte del problema que me presentan.

Otras veces pregunto. ¿Quién para ti es más importante, tu pareja o tus hijos? La misma respuesta grita la solución.

Otras preguntas tienen que ver con lo que parece una “lucha” entre lo masculino y lo femenino, como si de una guerra se tratara. De ahí que, gran parte de mí trabajo es hacer de puente entre los géneros y las personas, para restaurar el Amor que se dio en el encuentro o para que las despedidas se den desde el más profundo respeto. Sobre todo cuando hay hijos, ya que éstos son gracias a su madre y a su padre, y esta realidad y vínculo de unión no puede nunca separarse, aunque sí lo haga la pareja.

Los hijos se encuentran felices si no tiene que elegir entre uno u otro, ya que esto es totalmente imposible. La fidelidad de los hijos para ambos es por siempre, y si bien en algunos casos parece que eligen entre el padre o la madre, esto no es más que una mera ilusión. No se puede renunciar al padre o la madre que existe dentro de cada persona, ni elegir a una familia u otra. Todos pertenecemos a dos familias que se han unido para que podamos existir.

El pensamiento y enfoque sistémico es de gran ayuda para entender las relaciones de pareja, y desde esta mirada sistémica, he creado un curso para transmitir mis experiencias y conocimientos sobre este tema, con el objetivo de que las relaciones de pareja sean lo que “deben” ser: un maravilloso espacio de crecimiento y encuentro entre los seres humanos.

Ponemos a tu disposición un curso diseñado para para aprender y tomar consciencia de otra manera de mirar las relaciones y adquirir las herramientas que te permitan mejorar y seguir creciendo en tu ámbito familiar y de pareja.

Información:

No hay pareja ni amistad que esté tan segura como la que se mantiene libre. Sólo es eterno lo que se
basa en un amor libre. Los deseos te hacen siempre vulnerables.

Anthony de Mello

Puedes salir de la rueda de repeticiones.

Me siguen sorprendiendo las ideas que las personas en general tienen, sobre cómo se da el encuentro en la relación de parejas. Piensan que entran en un local de moda, o en otro evento o circunstancias donde las personas se relacionan, y de pronto allí, aparece el hombre o la mujer que les provoca un estado “raro”, diferente, ese pálpito de corazón, o esas mariposas en el estómago que les avisan de que algo único está sucediendo.

Suelen creer que ese hombre o esa mujer les atraen por su físico, su sonrisa, sus movimientos, o ese algo que a sus ojos les parece especial. He oído hablar de feromonas, de química, de atracción sexual, de enamoramiento y otras explicaciones, según desde el paradigma que se esté hablando.

Desde la perspectiva sistémica, al hablar de sistemas y no de individuos, participo de la creencia de que son los sistemas familiares los que se ven atraídos por medio de sus individuos,  arrastrados a mantener  el patrón relacional y vincular repetido generación tras generación, y así sostener las mismas historias con distintos personajes en los distintos contextos culturales y sociales.

Tan solo hay que observar el genograma de algunas personas para comprobar lo acertado de esta afirmación; cómo las mujeres de ciertos sistemas eligen hombres débiles, maltratadores, alcohólicos o cómo los hombres eligen mujeres madres para ser cuidados como hijos, o niñas a las que cuidar, por nombrar solo un par de patrones entre los múltiples que existen.

Es curioso observar en el caso de las parejas consecutivas, como se da el salir huyendo de una relación de pareja por un motivo, para volver a repetir el mismo asunto con la pareja siguiente. Atrayendo una y otra vez más de lo mismo.

Un porcentaje elevado de las consultas que atiendo tiene que ver con las dificultades en las relaciones de pareja. Por lo que he tenido la oportunidad de comprobar el grado de sufrimiento que este tema provoca, y sobre todo la gran cantidad de energía que se dedica a sostener el problema.

Ya es suficiente!! Ahora tienes la oportunidad de resolver, de solucionar y dar un giro a tu situación.

Atrévete a dar el paso , pasa a la acción y mira más allá de tus creencias, deja de culpar al otro, o a la otra de tu situación, anímate a salir de la rueda de las dificultades. Y sobre todo abandona tu necesidad infantil de seguir sosteniendo algo que pertenece al pasado y tal vez a otras personas que vivieron en otras épocas.

Vivir una Vida en pareja, es Vivir una vida Plena, siendo consciente de que es una relación entre adultos, esto quiere decir, haber abandonado los lazos familiares inconscientes que te mantienen en la niñez.

«Siempre estás a tiempo de ser un poco más Feliz.»