La «buena» relación de pareja.

En la pareja, suele ocurrir que cuando llega una crisis, quizá sea también el momento de renovar el Amor…y si esto no es posible, es conveniente poder tomar distintos caminos desde el respeto mutuo.

¿Qué nos ha pasado? Es la pregunta que muchas personas se hacen después de un tiempo de estar en una relación de pareja. Recuerdan aquel momento donde se produjo el encuentro y no llegan a entender cómo ahora ya no es lo mismo. El deseo de retener los instantes donde las “mariposas” hacen nido en el estómago, el corazón late con fuerza, casi falta el aire, y una voz desde lo más profundo dice: nos hemos encontrado.

En ese estado es habitual tener pensamientos como: Ojalá desaparezca,… Me quiero ir de este lugar,… Me falta el aire,… Esto es insoportable… ¿Qué ha pasado?

La pareja está en continuo movimiento y evolución, en un espacio para el que las “escuelas” no nos preparan, ni las facultades, nos facultan; casi nada de lo aprendido suele valer ante los retos que presenta la vida en pareja. Nada podemos dar por sentado, ni sabido, este es un lugar de aprendizaje y desarrollo que nos presentará desafíos que pondrán a prueba nuestros cimientos y hará tambalear nuestras creencias.

El pensamiento racional y lineal no nos permite llegar a encontrar la solución cuando aparecen los problemas y las dificultades. Los conflictos se resuelven siempre desde un lugar de pensamiento distinto al que lo ha creado, y el gran reto que a mi entender nos presenta la relación de pareja, es conectar con la suficiente humildad, con el corazón “grande”. Es un darse cuenta de que se necesita una nueva manera de entender y mirar los asuntos que se presentan en ese espacio vital donde los seres humanos nos encontramos, haciendo que la Vida continúe.

En el espacio terapéutico he tenido la oportunidad de conocer y tratar con muchas personas que presentan dificultades en la relación de pareja, y da igual que la relación sea, heterosexual, homosexual, polisexual, abierta, cerrada, tradicional, o moderna, en todas sin excepción aparecen casi las mismas dificultades. La mayoría tienen que ver con las fantasías y creencias de lo que debe ser una pareja, de lo que debe ser un padre, o una madre, y tan pronto como esas creencias toman el poder, lo que en un principio unió, ahora separa.

Al igual que nos atraen las diferencias, son esas mismas las que nos separan y cuando pasa la euforia del encuentro, cada quien se atrinchera en sus propias convicciones  y nos perdemos el misterio de la exploración de lo desconocido y con ello dejamos de aprender y sobre todo disfrutar entregándonos a  lo desconocido.

No existe una familia igual a otra, y no sé si os habéis dado cuenta, pero en las relaciones personales y cotidianas, ya sean de pareja, amistad, familiar, o de otro tipo, los que se encuentran no son las personas de una manera individual, sino que, inevitablemente en estas relaciones, existe la influencia de familias enteras detrás, cada una de ellas con sus particulares ideas, pensamientos y normas que rigen sus destinos.

Muchas veces me gusta jugar con las personas que vienen a consulta y les hago preguntas “trampas” como por ejemplo ¿Cuál es tu familia? ¿Cuáles son los miembros de tu familia? Es sorprendente constatar continuamente cómo las respuestas muestran dónde se sostiene la mayor parte del problema que me presentan.

Otras veces pregunto. ¿Quién para ti es más importante, tu pareja o tus hijos? La misma respuesta grita la solución.

Otras preguntas tienen que ver con lo que parece una “lucha” entre lo masculino y lo femenino, como si de una guerra se tratara. De ahí que, gran parte de mí trabajo es hacer de puente entre los géneros y las personas, para restaurar el Amor que se dio en el encuentro o para que las despedidas se den desde el más profundo respeto. Sobre todo cuando hay hijos, ya que éstos son gracias a su madre y a su padre, y esta realidad y vínculo de unión no puede nunca separarse, aunque sí lo haga la pareja.

Los hijos se encuentran felices si no tiene que elegir entre uno u otro, ya que esto es totalmente imposible. La fidelidad de los hijos para ambos es por siempre, y si bien en algunos casos parece que eligen entre el padre o la madre, esto no es más que una mera ilusión. No se puede renunciar al padre o la madre que existe dentro de cada persona, ni elegir a una familia u otra. Todos pertenecemos a dos familias que se han unido para que podamos existir.

El pensamiento y enfoque sistémico es de gran ayuda para entender las relaciones de pareja, y desde esta mirada sistémica, he creado un curso para transmitir mis experiencias y conocimientos sobre este tema, con el objetivo de que las relaciones de pareja sean lo que “deben” ser: un maravilloso espacio de crecimiento y encuentro entre los seres humanos.

Ponemos a tu disposición un curso diseñado para para aprender y tomar consciencia de otra manera de mirar las relaciones y adquirir las herramientas que te permitan mejorar y seguir creciendo en tu ámbito familiar y de pareja.

Información:

No hay pareja ni amistad que esté tan segura como la que se mantiene libre. Sólo es eterno lo que se
basa en un amor libre. Los deseos te hacen siempre vulnerables.

Anthony de Mello

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